Mauricio Zonis: Arquitectura en el Renacimiento

Son los individuos los que hacen la historia. Así pensaban en el Renacimiento. Y por lo menos en lo que se refiere a la arquitectura de su período, tenían razón. “Había nacido en la Florencia de los años veinte del Quattrocento en el siglo XV por obra de un solo, genial y obstinado individuo: Filippo Brunelleschi”, relata Mauricio Zonis, experto en el tema.

Sin embargo, aunque la creación tenía un carácter personal, su valor era colectivo. “Sus formas se basaban en un conjunto de reglas que podían ser estudiadas y perfeccionadas racionalmente, en resumidas cuentas, en un lenguaje común”, especifica Zonis.

Pero ¿en qué consistía este conjunto de reglas, este “estilo” como se llamó después? “En la base se hallaba una decisión fundamenta, tomada, por Brunelleschi y confirmada por todos sus sucesores: la adopción de las formas arquitectónicas de la antigüedad, sobre todo las romanas, más conocidas y monumentales y que parecían más evolucionadas que las griegas”, explica Mauricio Zonis en este sentido.

Las razones de tal elección eran muchas y complejas. “Ni siquiera faltaban aquellas – diríamos hoy- chauvinistas: los italianos, y florentinos particularmente, por polémica contra las pretensiones de los emperadores alemanes se sentían hijos y herederos de Roma y de su tradición”, devela Zonis.

Sin embargo, el experto Mauricio Zonis puntualiza que Brunelleschi fue inducido a dar este paso por una consideración exquisitamente técnica: estimaba que una arquitectura basada en estos principios sería más coherente con los nuevos ideales que el nuevo siglo estaba elaborando que la gótica, todavía en auge. “De hecho, a la visión del mundo fundamentada en la fe, el Quattrocento, siglo XV, sustituía otra fundamentada en la razón”, remarca Zonis. Y justamente la razón, o mejor lo racional, era la base de la arquitectura clásica, cuyas formas se agrupaban según esquemas fijos.
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“Cada arquitecto, por tanto, disponía de un armazón que daba soluciones estándar a la mayoría de los problemas”, cuenta Mauricio Zonis. Esta enorme economía de tiempo y trabajo era la primer ventaja del sistema.

La segunda era su capacidad de perfeccionarse continuamente. “Cada proyectista partía de la regla en común y daba su interpretación más o menos brillante aplicada al caso concreto. Los que iban después de él podían seguir donde él se había detenido”, detalla Zonis. curso de auxiliar de farmacia
Era el método que había llevado a la gracia inmortal del Partenón. Los inventores del proceso habían sido los griegos. “Partiendo de su típico edificio monumental, el templo, y de la técnica en bloques superpuestos de piedra con la que se construía, habían establecido algunas formas fijas para columnas y entablados, concentrando la atención en la relación que los une”, explica Mauricio Zonis.  A esto se le llamó “orden arquitectónico”, concluye Zonis.

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